EL PROGRAMA DE LA POÉTICA ESPECULATIVA (III/IV)
Patricio Uribe
III. Poética del extrañamiento
1.
Lo absoluto, a través de la dialéctica entre la localidad del fragmento y la globalidad del sistema, busca ser alcanzado de forma autopoiética a través de la recursividad de tal dialéctica. Sin embargo, la exterioridad radical del hipercanon supone un infinito actual como afuera que no puede ser alcanzado por ninguna operación autopoiética. Pero la obstrucción misma muestra las condiciones a través de las cuales podría darse el tránsito: si la dialéctica fragmento/sistema mantiene fuera de alcance a lo absoluto, lo que se requiere entonces es una relación entre niveles no solo relativa, sino absoluta.
2.
Emerge entonces una diferencia absoluta, material. El lenguaje deja de ser un espacio plano, se pliega: por un lado, un nivel de lenguaje normal, natural, y por otro lado, una transgresión de la normalidad del lenguaje natural, la emergencia de un nivel de lenguaje no-natural. La poética normativa se reintroduce en la poética especulativa, pero esta vez no como algo dado, sino como lenguaje natural en tanto ámbito en el que se impone un orden de legibilidad al lenguaje general. Se revierte el orden: no es la poética especulativa la que representa una excepción respecto a la supuesta normalidad de la poética normativa, sino que es más bien a la inversa.
3.
Desde este orden impuesto por el lenguaje natural emerge la poética del extrañamiento, en tanto transgresión de este orden. La localidad del lenguaje natural, en relación a la globalidad del lenguaje general, se constituiría a partir del mantenimiento de las condiciones de estabilidad del significado: lo natural se mantiene a través de una estricta correspondencia entre lenguaje y mundo. Esta alopoiesis del lenguaje natural es la que necesariamente se opone a la autopoiesis del lenguaje generado por la poética especulativa, en cuanto el mantenimiento de la correlación exige un fundamento externo al lenguaje.
4.
La poética del extrañamiento queda ligada al concepto de lo transracional. Si se entiende lo racional como el ámbito del lenguaje sujeto a las condiciones de legibilidad dadas por las condiciones de estabilidad del significado, lo trans- de lo transracional no implica un quiebre inmediato con lo racional, sino más bien un movimiento que se aleja de forma continua desde el orden del lenguaje natural, un desplazamiento desde lo semántico a lo asémico. No es solo un retorno de lo reprimido por la poética normativa, sino una expansión del lenguaje hacia lo impensado, una expansión de lo posible hacia su propia imposibilidad.
5.
El extrañamiento puede entenderse tanto en un sentido relativo como en uno absoluto. En un sentido relativo, el extrañamiento implica un tránsito desde un cierto orden semántico más obstruido a un orden menos obstruido. De este modo, la poética del extrañamiento aparece como el momento de tránsito desde cierta normatividad hacia otra. En un sentido absoluto, el extrañamiento implica un tránsito irreductible a cualquier reordenamiento, en dirección al infinito actual del hipercanon. El extrañamiento absoluto es irrecuperable, en cuanto subsume y supera cualquier extrañamiento relativo normativizable.
6.
Lógicamente, es el extrañamiento relativo el que es recuperado por las poéticas y estéticas normativas o neonormativas, que articulan estructuras rígidas y simplificadas que establecen sus propias condiciones de legibilidad. Y si bien es cierto que la poética del extrañamiento deriva en un primer momento de recuperación, también es cierto que representa un primer momento en el que se muestran los límites de toda poética especulativa: si bien la autopoiesis genera un lenguaje que es imposible de ser generado a través de la alopoiesis que produce el lenguaje natural, no puede generar la potencialidad infinita del lenguaje general.
IV. Poética de la indeterminación
1.
La recuperación de la poética del extrañamiento en tanto extrañamiento relativo permite restituir una normatividad relativa que puede capturarse en una estructura adecuada. Si bien la autopoiesis de la poética especulativa implica una ruptura con la alopoiesis de la poética normativa, esta ruptura es relativa, en cuanto es un tránsito hacia otra normatividad; en definitiva, es una poética normativa dinámica, capaz de transformarse a sí misma. Pero esta transformación se estabiliza siempre y cuando los presupuestos del orden semántico se mantengan en cada fase, incluso aunque esto no se cumpla necesariamente en los tránsitos entre fases.
2.
El presupuesto fundamental del orden semántico es el de la correspondencia entre lenguaje y mundo, y ello a través del presupuesto operativo de la correspondencia semiótica entre significado y significante. Pero la diferencia entre ambos no es simétrica. El significado se presenta como nodo terminal de una cadena de significantes. Es en sí mismo un significante, pero uno al que se tiende idealmente como nexo en el que se realiza la correspondencia alopoiética. Sin embargo, el significante en cuanto materialidad del signo puede diferir indefinidamente, sin nunca alcanzar un significante terminal, y por tanto sin nunca alcanzar un significado.
3.
Esta discontinuidad entre la materialidad del significante y la idealidad del significado genera un quiebre entre semiótica y semántica. La semántica se asociará al ámbito del lenguaje natural, mientras que la semiótica al ámbito del lenguaje general. Pero mientras que en la poética del extrañamiento el lenguaje general quedaba por definir, en la poética de la indeterminación este lenguaje queda materialmente indefinido. Esta indefinición no solo implica que la relación significante/significado queda indefinidamente desplazada, sino que el propio desplazamiento es el que determina las posibilidades del lenguaje general.
4.
La poética de la indeterminación permite reconsiderar la cuestión de lo literario, que deja de estar por fuera respecto al problema de la constitución del lenguaje natural en relación al lenguaje general. Lo literario se da alcance semióticamente a sí mismo, y se presenta a sí como materialización de la idealidad del orden semántico. Es entonces que surge la escritura propiamente tal, la cual, frente a la literatura, se presenta como materialidad semiótica generalizada. En la escritura, la relación significante/significado deviene tránsito significante, en cuanto espectro de posibilidades de la propia escritura y materialización de esas posibilidades.
5.
La indeterminación de la escritura presenta una divergencia respecto a su propia indeterminación. En tanto sin fundamentos semánticos, la escritura describe un espacio puramente potencial, aunque materialmente realizado en el tránsito de la escritura misma. Sin embargo, en tanto extrañamiento relativo respecto al orden semántico, la escritura no puede dejar de reinscribir esta potencialidad en un orden de legibilidad estético. La indeterminación entonces pasa a ser un momento de tránsito hacia la determinación semántica, reinscrita ya no como correspondencia entre lenguaje y mundo, sino como correspondencia entre escritura y lectura.
6.
La poética de la indeterminación representa el límite de toda poética especulativa en su autopoiesis, en cuanto genera un exterior relativo internalizado por la misma poética. Si busca mantenerse la poética especulativa su propia autopoiesis, no puede salir de esta producción recursiva de lo exterior. El afuera absoluto, el infinito actual del espacio potencial, no puede captarlo más que parcialmente. Si bien puede incrementar indefinidamente su espacio de posibilidades, el absoluto que está en el origen de la poética especulativa se le escapa por completo, una ausencia en la que no puede auto(des)fundamentarse.