LA DESCOMPOSICIÓN. II: XENOPOIESIS




Patricio Uribe



Ø.

El espacio no puede alcanzar el no-espacio, pero el no-espacio no solo determina al espacio como borde exterior, no lo forma, sino que también lo deforma. Frente al espacio autopoiético que se genera a sí mismo, surge una xenopoiesis desde el exterior, desde el que genera el espacio sin poder nunca ser generado por el espacio mismo. El tránsito entre escritura natural y escritura oscura, pasando por la escritura espectral, parece ser cuasi-lineal, de un espacio elemental al no-espacio, pero el tránsito inverso no lo es, en tanto las relaciones son asimétricas. El recorrido inverso se muestra desde la perspectiva cuasi-lineal como una reintroducción del residuo, que permitiría una correspondencia entre lenguaje y mundo que sería el fundamento de la escritura natural. Pero el residuo se reintroduce como xenopoiesis, se introduce en las formaciones de la escritura espectral para deformarlas, hasta llegar al nivel elemental de la escritura natural y corromperla. 


6.

Desde la singularidad terminal, la xenopoiesis-residuo comienza a descurvarse, haciendo que se pase a singularidades cada vez menos torsionadas. Los cambios de fase entre singularidades inducen globalidades cada vez más débiles, menos integrables, pero restituyen las localidades intensivas, haciendo que se reconstituya el espacio. Pero estos espacios que se forman ya no se presentan como algo dado, así como las globalidades tampoco se presentaban como algo dado: la xenopoiesis ya no solo se presenta en el borde como singularidad terminal, sino en cada una de las singularidades como aquello que define cada espacio para cada cambio de fase. La reducción de curvatura para cada espacio hace que en cada espacio las localidades diferenciales se definan cada vez más, en tanto son delimitadas por cada afuera parcial.


5.

Se llega a la curvatura elemental, a la singularidad inicial que desarma las globalidades dadas y hace que emerjan las localidades diferenciales. La singularidad inicial opera como atractor que colapsa las localidades diferenciales, haciendo que las coberturas que construyen su globalidad relativa a través de su integrabilidad se vayan aplanando, hasta contraerse en torno a la singularidad inicial. El proceso de contracción ya no aparece como algo dado por el proceso de desplazamiento del residuo y las formaciones que se generan en el proceso, sino por la reintroducción del residuo como introducción del no-espacio en el espacio, xenopoiesis que no es simplemente introducción de un afuera relativo, sino un afuera absoluto que deforma el espacio mismo, hasta hacerlo colapsar y haciendo que la curvatura se desintegre.


4.

La curvatura colapsa en infinitos planos. La globalidad reaparece en los estratos como algo relativamente dado, y la localidad aparece como subsumida en esta globalidad. Cada estrato se presenta como autogenerado, delimitado por su autopoiesis. Pero esta supuesta autopoiesis es aparente: la forma autoconstituida no es más que el efecto, la proyección de una deformación operada desde el afuera, xenopoiesis que usa la forma como medio para la propagación del afuera en el adentro. La composición que aparentemente se reconstituye en este nivel, en el que se recupera una completitud parcial, se presenta como una obstrucción relativa de la descomposición xenopoiética. Pero no es una obstrucción autogenerada por los estratos, es un colapso que se genera de un estrato a otro, de modo que la recuperación de la composición en realidad es el avance de la xenopoiesis.


3.

Se llega al plano elemental, al límite en el que lo no conmutativo colapsa en lo conmutativo. A medida que aumentan las obstrucciones, la composición se rigidiza. La autopoiesis se limita cada vez más en su generatividad. La xenopoiesis se expande al delimitar en cada estrato las obstrucciones, hasta llegar al plano elemental en el que permite colapsar la autopoiesis misma, obstruir la generatividad misma. Los tránsitos se reducen de forma progresiva, hasta que solo queda el tránsito inicial que colapsa hacia las correspondencias. El plano colapsa hasta deshacerse en infinitas líneas en las que se extiende la xenopoiesis como reintroducción del residuo. Lo no-conmutativo colapsa en lo conmutativo, derivando hacia una composicionalidad simple, lineal. Triunfo aparente de la escritura natural, que reintroduce el residuo en el orden de las correspondencias, lo trascendental, lo alopoiético.


2.

El plano colapsa en infinitas líneas. La autopoiesis da paso a la alopoiesis, el residuo deja de considerarse como autogenerado y pasa a ser determinado por las estructuras de correspondencia entre escritura-significante y referente. El afuera absoluto aparece como exterior relativo a un adentro que debiera completar la internalización del residuo para constituir el núcleo de escritura-significado de la escritura natural. Lo que revela el proceso, sin embargo, es que este supuesto exterior-referente queda diferido infinitamente a través de los espectros, atravesando los diversos espacios hasta llegar al no-espacio de la xenopoiesis. La alopoiesis de los espectros lineales de correspondencias de correspondencias no es más que la xenopoiesis colapsada linealmente, de modo que logra introducirse en niveles cada vez más elementales.


1.

Se llega a la línea elemental, en donde se establece la correspondencia más básica entre escritura-significante y referente. Este es el supuesto núcleo en el que, al terminar de reintroducir el residuo, se llegaría a una escritura-significado con correspondencia completa. Composicionalidad más básica, en la que los elementos se articulan de forma conjuntista. Obstrucción máxima de la forma que hace posible la correspondencia, pero que es aparente: por un lado, la correspondencia se desplaza hacia la forma lineal, por otro, al finalizar el recorrido del residuo, se revela la forma lineal, no como una internalización del exterior, sino como una apertura de la forma hacia el afuera, una deformación en el seno de la propia forma. El referente, que nunca existió y no era más que el efecto de la forma lineal de la correspondencia, se muestra como lo que realmente era: el residuo desplazado. Y al reintroducirse, el residuo deforma el esquema mismo de la correspondencia.


0. 

Se llega al núcleo, a la escritura-significado, una vez que se ha internalizado el residuo. Pero ya no es el residuo que permitiría completar la correspondencia entre lenguaje y mundo que presupone el orden de la escritura natural, sino el residuo como no-espacio que se introduce en el espacio estabilizado de la escritura natural. Una vez que se introduce, comienza a operar en el espacio la xenopoiesis. El no-espacio se replica infinitamente en el espacio, en un proceso de iterabilidad generalizada que hace que el propio espacio comience a replicarse infinitamente a sí mismo. La identidad que pretendía constituirse a través del lenguaje, y junto con ello constituir lo humano, deviene una equivalencia absoluta, un hipertránsito en el que la equivalencia inmediata de todo con todo hace que la identidad supuestamente estabilizada colapse en la identidad absoluta del punto.


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No hay significado. No hay orden que sustente ninguna identidad. No hay lenguaje. No hay lo humano. Lo que queda es una escritura espectral, inhumana, que va desde el punto en el que colapsa la escritura natural hacia la singularidad terminal que culmina en la escritura oscura. Pero esto no implica que el espectro se mueva de modo linear o planar. El espectro está agujereado, es un espectro que se torsiona y retorna a sí en todos los lugares y en todos los niveles, que genera singularidades en todos los lugar y todos los niveles, que genera singularidades en las singularidades, y así sucesivamente hasta que las singularidades sucesivas convergen en la singularidad terminal, atractor sin centro en el que cada punto tiende hacia el hipertránsito, produciendo en el proceso una substracción del espacio tendiente a una convergencia con el no-espacio en el espacio mismo, espacio tangente al no-espacio que tiende a cero.