XENOLOGÍAS (PARTE I)



Vít Bohal


Traducción: Patricio Uribe


Hay un extraño afuera de tu casa. Es viejo, andrajoso y sucio. Está cansado. Ha estado vagando, sin hogar, por un largo tiempo, tal vez por años. Invítalo adentro. No sabes su nombre. Puede que sea un ladrón. Puede que sea un asesino. Puede que sea un dios. Puede que te recuerde a tu esposo, a tu padre o a ti mismo. No hagas preguntas. Espera. Deja que se siente en una silla cómoda y que se caliente junto a tu fuego. Tráele algo de comida, la mejor que tengas, y una copa de vino. Deja que coma y beba hasta que esté satisfecho. Ten paciencia. Cuando termine, te contará su historia. Escucha con atención. Puede que no sea como esperas.

Emily Wilson, “Translator’s Preface,” Iliad



Debo decirte que realmente no deseamos conquistar ningún cosmos. Queremos extender la Tierra hasta sus bordes. No sabemos qué hacer con otros mundos. No necesitamos otros mundos. Necesitamos un espejo.

Solaris (dir. Andrei Tarkovsky)



1. Xenos, xenia, xenología comparada: una breve historia

Para abordar la posición actual de lo xeno, podríamos preguntarnos primero qué ha sido de lo xeno hasta ahora. Siguiendo un método comparativo, se puede analizar el significado contemporáneo del morfema “xeno” en relación con sus manifestaciones y significados pasados. El objetivo de este texto es mostrar cómo han cambiado la forma y la semántica del uso de “xeno”. 

Los mitos griegos proporcionan una fuente textual fundamental para la semántica del morfema gramatical “xeno”. Sus orígenes clásicos se remontan a la palabra griega xenos (ξένος), que denota “extraño” o “amigo huésped” [1]. Este significado constituye la interpretación estándar de xeno hasta la actualidad, como vemos, por ejemplo, en el uso contemporáneo más frecuente del morfema “xeno” en el inglés contemporáneo– la palabra “xenofobia”. En esta modalidad, lo xenos está basado en el modo de figuración y se ha construido como un extranjero, una figura extraña procedente del exterior, un forastero (alien) que interactúa con la polis en términos particulares.

Este xenos figurativo como huésped o extranjero se ha transmitido a través de los textos de la épica homérica y el drama griego clásico, y coincidimos con Emily Wilson [2] en la afirmación de que el sujeto prototípico identificado como xenos era mayoritariamente masculino, generalmente de ascendencia aristocrática o divina, y a menudo objeto de revelación tanto sagrada como profana (por ejemplo, al regresar Odiseo de su viaje a Ítaca, se reveló no como un viejo mendigo, sino como el amo de una gran domus). Intento distanciar la xenología contemporánea del impulso de cosificar lo extraño, y más bien intento fundamentar su subjetividad superpuesta que alberga una divinidad potencial [3]. La razón de esta digresión es que la otredad divina de lo extraño figurativo fácilmente desemboca en la metafísica trascendente y la estetización sesgada. El fetiche por lo “exterior” construye a un extraño figurativo como un individuo lábil cuya subjetividad (incluso en su divinidad fetichizada) siempre se presenta como siendo “para nosotros”, lo cual retoma la tradición moralmente opaca del humanismo clásico. Se puede decir que la particular construcción figurativa del xenos como masculino, aristocrático y partícipe de la divinidad, hasta el día de hoy continúa influyendo en el discurso y está inmersa en una tradición cultural imaginaria cuya relación real con lo extraño a menudo ha estado marcada por la insensibilidad, el extractivismo, la colonialidad y la subyugación. En su nueva traducción de la Odisea, Emily Wilson comenta de manera similar que deseaba revisar las traducciones modernas canónicas de la epopeya para evitar el impulso de “normalizar o valorizar el trato a las personas no occidentales como monstruos” y evitar “importar tipos contemporáneos de sexismo” [4] al texto de la Odisea que habían dejado su huella en el inglés a lo largo de la historia de su traducción tanto en su época temprana como moderna.

Esta breve introducción a la xenología pretende, de este modo, revisar de forma similar esta relación fetichista con lo extraño, pero considerando constantemente su historia moderna en el discurso anglófono del siglo XX y principios del XXI. Un proyecto así también requiere expandir la modalidad de la extrañeza/“xeno” más allá de lo meramente figurativo y mostrar que no solo los cuerpos son vectores de la extrañeza, sino también los protocolos procedimentales y los procesos, y por último la existencia inhumana del propio planeta.

Aunque explícitamente esta obra no es un tratado sobre etimología y semiótica griegas clásicas, algunos puntos de la historia del concepto arrojan luz sobre su formulación actual. Es necesario tener en cuenta que, en el contexto de la cultura literaria griega clásica, el morfema “xeno” constituye no solo la raíz de xenos (ξένος), sino también de xenia (ξενία), donde el primero es un tropo figurativo, el segundo denota un protocolo social de hospitalidad.

Xenia era la institución cultural conocida desde los primeros escritos griegos de Homero y Hesíodo, que constituía el protocolo básico de la hospitalidad, sociabilidad y reciprocidad griegas [5]. Xenia puede considerarse como la práctica de la hospitalidad dentro de la idealidad textual de las epopeyas griegas, donde constituía un protocolo establecido para la acomodación que proporcionaba una sintaxis particular de hospitalidad para la llegada del extranjero: bienvenida, desarme, baño, alimentación e interrogatorio, idealmente en ese orden específico. La transgresión de dicho código conducía a conflictos y, en el peor de los casos, al derramamiento de sangre o la guerra. Pero, una vez más, el sistema patriarcal y machista de gobierno griego se refleja en el concepto original, como nota Wilson:

Lo distintivo de las costumbres en torno a la hospitalidad en la cultura [griega] es que se entiende que los hombres de élite que han entrado en las casas de otros y han sido agasajados adecuadamente han creado un vínculo de “amistad de huésped” (xenia) entre sus hogares que continuará en las generaciones futuras. La “amistad de huésped” es diferente de la philia, la amistad, el afecto, el amor y la lealtad que conecta a una persona con sus familiares y amigos del vecindario. [6]

Respecto a esto, Xenia se convierte en un indicador de un vínculo homosocial de poder– un pacto de caballeros distintivo que solo se celebra entre iguales, excluyendo a aquellos cuyos poderes ejecutivos son indignos, es decir, aquellos cuyo impacto en el plano procesual de las relaciones sociales se considera insuficiente. Poder estructural que valida el poder estructural. Wilson continúa:

Xenia […] es una herramienta de conexión que permite la expansión del poder griego, desde la unidad de la familia hasta la ciudad-estado, y luego por todo el mundo mediterráneo. Es el medio por el cual familias de élite sin parentesco pueden conectarse entre sí como iguales, sin tener que luchar por el dominio.

La praxis ideal de xenia, en su sentido original, denota un cierto privilegio social que, por ejemplo, no se otorgaba a mujeres o esclavos. Las epopeyas homéricas en particular están repletas de relatos de aristócratas extranjeros, amigos huéspedes y sus anfitriones, que tanto defendían como transgredían los principios de la reciprocidad social– ya sea que se considere la violación de Helena por parte de Agamenón y la resultante guerra de Troya, la mala anfitriona Circe que droga a Odiseo y sus hombres, o el regreso de Odiseo a Ítaca y el asesinato de los pretendientes advenedizos.

Siguiendo una ética del poder afectivo, la responsabilidad y la reciprocidad, podríamos preguntarnos qué podría implicar el llamado de Wilson [7] y Amy Ireland [8] a la “xenofilia”, y de qué manera el poder ejecutivo podría relacionarse con la “formación de parentesco” propuesta por Donna Haraway [9] para el marco planetario contemporáneo. El objetivo de este texto será dilucidar algunas de las aporías y solapamientos entre las nociones de xenos y xenia, no en la práctica del mundo de la Grecia clásica, sino más bien extrapolar y hablar de otro modo sobre sus reverberaciones en el uso contemporáneo del morfema “xeno”.

Este proyecto se basa en una vasta base de datos de usos contemporáneos, principalmente relacionados con la ciencia especulativa y la práctica artística. Sin embargo, para mantener el enfoque en los aspectos lingüísticos, y en particular en el uso actual del término xenofobia, se puede decir que la institución social de la hospitalidad —xenia— a menudo no es tan conocida ni comprendida como el más frecuente término figurativo xenos o “lo extraño” [10]. Pero el contexto social original de xenia, en el que se enmarca lo extraño figurativo, es fundamental para la comprensión de la xenología contemporánea de los protocolos y coreografías sociales en los que los procesos afectivos y ejecutivos de inclusión y exclusión, de la política en el sentido de Carl Schmitt [11], siguen resonando. El estudio reflexivo de los propios sistemas de reporte social de la extrañeza plantea preguntas fundamentales sobre la reflexión y el procesamiento de la alteridad, la alienación y la diferencia en el entorno procedimental contemporáneo. El papel del poder ejecutivo y la política en la identificación, el filtrado y la domesticación de los otros sigue siendo un punto de crítica destacado. Sin embargo, la lógica que sustenta dicha teoría crítica debería consistir en modelos matizados, en lugar de Significantes Maestros de la “teoría Crítica” (con C mayúscula) que, paradójicamente, cosifican las operaciones actuales del poder. 

La cuestión de lo xeno hoy en día se centra particularmente en el nivel de protocolos y procedimientos, para lo cual la institución de la xenia proporciona una metáfora histórica. La xenología contemporánea, por lo tanto, plantea interrogantes sobre los aparatos tecnológicos y los sistemas de gobernanza, en particular aquellos que definen los protocolos actuales para interactuar con lo extranjero– desde los marcos legales y las instituciones que determinan la ciudadanía o el estatus legal de las personas, hasta los instrumentos y aparatos concretos como vallas, muros, portones, pasaportes o bases de datos biométricas. El ritmo al que han ido cambiando los protocolos sociales de la xenia (apoyados por mecanismos avanzados y acelerados de detección y control) junto con el drástico aumento del número de personas desplazadas en todo el planeta, ha desplazado el peso semántico de lo xeno desde los protocolos interpersonales de screening interfacial hacia un análisis de los procesos de filtrado, concesión y denegación de acceso, y un enfoque general en los protocolos técnicos y sociales que determinan lo extranjero. Podemos decir que xenia ha cristalizado en la forma de lo que Benjamin Bratton ha denominado “gobernanza algorítmica” [12] y es en este sentido que debe analizarse en sus propios términos procedimentales.

En las conferencias publicadas posteriormente como De la Hospitalidad, Jacques Derrida proclama: “No hay xenos, no hay extranjero, antes ni fuera de la xenia” [13]. Esto afirma que las condiciones para conceptualizar cualquier noción de lo extranjero se fundamentan en la praxis procedimental y social. En este sentido, el extranjero siempre se encuentra inmerso en un marco social más amplio. Al extender esta crítica a la obra de Judy Wajcman, Donna Haraway o Caroline Criado-Pérez, y al discurso de los Estudios de Ciencia y Tecnología (STS) en general, es necesario explorar con más profundidad la extensión de la xenia para dar cuenta de los procedimientos tecnológicos y sociales contemporáneos, en la medida en que la xenia —o los protocolos de hospitalidad— siempre están determinados por las relaciones sociales en las que se insertan.

La figura histórica del xenos y el protocolo social (tradicionalmente falogocéntrico) de xenia han sido circunscritos por un protocolo particular de gubernamentalidad facilitado por los procedimientos y técnicas contemporáneos. Una xenología contemporánea sólida busca trascender el esquema binario y figurativo tradicional de huésped/anfitrión o sí mismo/otro, y más bien trazar las resonancias de lo extraño y lo foráneo más allá de los confines del complejo figurativo y sus binarismos acompañantes de lo divino/profano, puro/contaminado. Partiendo del concepto original de xenia, el modo procedimental de la xenología comparativa se ha inclinado hacia el protocolo y la procedimentalidad, y en este sentido estudia los paisajes cada vez más automatizados con los que la humanidad se ha familiarizado y que ella misma ha creado– fronteras, puestos de control, biometría, visión artificial y procesamiento algorítmico de alta velocidad han hecho de la técnica un modo fundamental de dar cuenta de lo extraño y lo foráneo, sentando las bases para un análisis procedimental de lo xeno.

Pero las recientes capacidades de detección, modelado y análisis han posibilitado una excavación similar de los procedimientos materiales por parte de la biosfera y los sistemas terrestres, lo que integra directamente lo xeno en una modalidad adicional– la de lo inhumano. Es a través de su complicidad con lo planetario que lo xeno encuentra un modo contemporáneo de existencia, donde el desarrollo de bases de datos de conocimiento, obtenidas a través del nivel procedimental, fomentó el descubrimiento de una nueva complejidad que trasciende las comprensiones clásicas y antropocéntricas de lo extranjero. El registro inhumano de lo xeno proporciona, por lo tanto, una salida conceptual a las rígidas delimitaciones del antropocentrismo y los límites de la gubernamentalidad estatal, en favor del descubrimiento de protocolos más profundos de hospitalidad. ¿Qué puede haber más allá de la estética del androcentrismo monohumanista [14], y cómo se navega hoy la relación entre xenos y xenia?

Desde sus inicios conceptuales en el griego clásico, el morfema “xeno” se ha utilizado como raíz y prefijo de diversos significantes; sin embargo, este trabajo no pretende ser una aportación más al canon de estudios sobre la cultura o los textos griegos clásicos. Más bien, la sección anterior tuvo como objetivo mostrar los pilares semióticos fundamentales del estudio de lo xeno y proporcionar una prehistoria de la xenología comparada y los significados contemporáneos de “xeno” en lengua inglesa, en particular en la filosofía anglófona. Por lo tanto, podemos anticipar que la xenología es simplemente un estudio del morfema “xeno”, sus significados y permutaciones a lo largo de la historia. Y, como se mostrará en la siguiente sección, la “xenología” en sí misma es una ciencia con una rica historia.

2. Génesis de la xenología: de la ciencia ficción a las ciencias naturales

En una columna de noticias de 1961, Harold Wooster escribió sobre “el problema nominalista” de la ausencia “de un prefijo genérico para las ciencias dedicadas al estudio de los autóctonos extraterrestres” [15]. En otras palabras, se preguntaba qué es lo que podría llegar a ser una ciencia para el estudio de la inteligencia extraterrestre. En el artículo, cita una carta personal de Robert Heinlein de 1954 [16], en la que el aclamado autor de ciencia ficción describe una posible taxonomía de lo xeno. Heinlein acuñó el término “xenobiología”, considerando el prefijo “xeno-” como una mejor alternativa al prefijo “exo-” (como en “exobiología”), que consideraba demasiado nebuloso y por lo demás “agotado y significando demasiadas cosas” [17]. Heinlein considera que el prefijo “xeno-” es “la mejor opción desde el punto de vista de la derivación”, y entre los tres prefijos de xeno-, astro- y exobiología, considera que “xenobiología” es “el mejor de estos tres en aras de la claridad y la exactitud” [18].

El mismo año de la llegada de la carta, encontramos el primer uso de “xenología”: aparece en la novela de Heinlein The Star Beast [19] de 1954, y desde entonces ha sido un concepto básico en la ciencia ficción mundial. En la novela, el comisionado Greenberg habla de razas alienígenas, haciendo referencia a la ciencia de la siguiente manera:

“Los xenólogos han descubierto que los tipos superiores, equivalentes a los humanos, siempre tienen tres características: centros del habla, manipulación y, a partir de estas dos, mantenimiento de registro. […] ¿Ha estudiado algo de xenología?”

“No mucho, señor”, admitió John Thomas tímidamente, “excepto libros que pude encontrar en la biblioteca. Pero pienso especializarme en xenología y biología exótica en la universidad”.

“Bien por usted. Es un campo muy abierto. Le sorprendería lo difícil que es contratar suficientes xenistas”. [20]

La cita muestra que, durante esta época, la xenología seguía denotando un campo muy afín a la xenobiología, es decir, el estudio de las formas de vida extraterrestres y alienígenas. El prefijo «xeno-» se empleaba en este sentido como parte de un sistema taxonómico que imaginaba especulativamente la etiología y la fisiología de las formas de vida alienígenas.

La xenología siguió utilizándose como un tropo de la ciencia especulativa tanto en la ciencia ficción estadounidense como en la soviética tardía, siendo notablemente referenciada posteriormente en la novela de los hermanos Strugatsky, Roadside Picnic de 1972, donde el personaje del Dr. Valentine Pilman define la xenología como sigue: “Debo advertirte, Richard, que tu pregunta se enmarca en una pseudociencia llamada xenología. La xenología es una mixtura antinatural de ciencia ficción y lógica formal. En su núcleo reside una suposición errónea– que una raza alienígena sería psicológicamente humana” [21]. Es fascinante contemplar este marco de referencia antropocéntrico en relación con la inhumanidad del tropo de la “Zona”, que aparece en la novela de Strugatsky y en su posterior adaptación cinematográfica Stalker (1979), dirigida por Andrei Tarkovski.

Otros ejemplos donde se menciona esta ciencia especulativa de la xenología incluyen las novelas de Orson Scott Card, Speaker for the Dead (1986) y Xenocide (1991) [22]. Más recientemente, Liu Cixin, en su trilogía The Three Body Problem, utiliza el término «sociología cósmica», que denota una ciencia eliminativa que estudia la fisiología evolutiva y la etiología social alienígena. Con un significado similar al de Heinlein, se podría decir que es la xenología original con otro nombre [23].

El término “xenología” está, por lo tanto, íntimamente ligado al discurso de la ciencia ficción, o lo que hoy llamaríamos “ficción especulativa”. Durante su evolución a lo largo de la década de 1970, la frontera entre la ciencia y la ficción de la ciencia ficción se superpuso, donde ambos términos mantuvieron un diálogo constante, lo cual, hasta cierto punto, se puede relacionar con la distinción común entre ciencia ficción “blanda” y “dura”. Un ejemplo elocuente de esta fusión de estas dos culturas es la exuberante obra de Robert Freitas Jr., Xenology: An Introduction to the Scientific Study of Extraterrestrial Life, Intelligence, and Civilization [24], donde Freitas analiza eclécticamente la posición de los extraterrestres en las tradiciones literarias occidentales y luego procede a formular una ciencia especulativa de los extraterrestres en la era posterior a la culminante “era espacial” de finales de la década de 1950 y principios de la de 1960. Este extenso tratado sigue siendo el relato más voluminoso que utiliza el término “xenología” hasta la fecha.

Aunque Freitas dedica todo el segundo capítulo, “Vida extraterrestre: La historia de una idea”, a las construcciones culturales, específicamente textuales y literarias, de la vida extraterrestre desde la prehistoria hasta la ciencia ficción del siglo XX, aborda el tema de la vida extraterrestre no solo como un tropos literario, sino también como una posibilidad material dentro del más amplio cosmos. Las especulaciones sobre la realidad material y la vida, con el conocimiento de la ciencia contemporánea y el método científico, se utilizan en este sentido como trampolín para imaginar “lo conocido desconocido”, que la ciencia y la ficción vienen a explicar. En su registro de ciencia ficción, la xenología era, en otras palabras, una ciencia cuyo objeto (la inteligencia extraterrestre real de su “xeno”) se pierde constantemente.

El proyecto de Freitas se basa en el trabajo de Carl Sagan, David Saunders, Stanton T. Friedman, Thornton Page [25] y otros científicos y ufólogos, utilizando sus ideas (y también hallazgos empíricos) para formular una xenología que intenta integrar la figura de lo extraterrestre en las ciencias naturales. Como escribe Freitas: “Los problemas de la xenología están íntimamente ligados a las características y propiedades del universo físico” [26], y todo el trabajo a este respecto aborda las condiciones materiales que podrían permitir especular sobre la existencia de inteligencias avanzadas no terrestres.

Si bien ofrece elementos fantásticos para la reflexión, la obra de Freitas se desarrolla en su propio estilo posmoderno, y puede entenderse como un intento de especular sobre la vida extraterrestre en una modalidad predominantemente figurativa (el “extraterrestre” o “alienígena”). A este respecto,, la xenología de Freitas desarrolla directamente el legado de la xenología ficticia de Henlein. Si bien Freitas analiza con elocuencia la forma en que la vida extraterrestre se ha abordado, estudiado y presentado en las humanidades en el pasado (en particular, la filosofía y la literatura), rápidamente pasa de largo para ofrecer una taxonomía de las ciencias naturales especulativas. Estas son notablemente los campos de la “xenoarqueología” (es decir, el estudio de posibles artefactos alienígenas), la “xenobiología” (la posible constitución física de la vida extraterrestre), la “xenopsicología” y la “xenosociología” (las sociedades y culturas que podrían formar los extraterrestres). Para Freitas, estas ciencias en conjunto constituyen el campo general de la xenología.

Para un tratado sobre xenología contemporánea, resulta sumamente interesante observar que algunos de estos campos han tenido eco en la comunidad científica desde su formulación original y han sido retomados por académicos y científicos activos. Como breves estudios de caso, el análisis utiliza dos ejemplos formulados por Freitas y que desde entonces han alcanzado cierto prestigio en sus respectivos discursos. Es imperativo, sin embargo, tener en cuenta que estos discursos se basan firmemente en las ciencias naturales de la arqueología y la biología, cuestionando, al igual que Henlein en su época, la validez del uso de “xeno” como prefijo denotativo dentro de una taxonomía más amplia de la ciencia contemporánea. Estas dos ciencias son la xenoarqueología y la xenobiología.

Freitas define la xenoarqueología como “la búsqueda de evidencia de antiguas visitas de viajeros interestelares” [27]. Refiriéndose a diversas teorías sobre “antiguos astronautas” que estaban de moda en su época, la considera “en el mejor de los casos, un campo de estudio difícil y confuso” [28].

Aquí, de nuevo, vemos la dificultad de su enfoque, que consiste en fusionar realidad y ficción con fines especulativos. En su modalidad literaria, esta ciencia imaginativa (en lugar de fantasiosa) aparece, por ejemplo, en el cuento de Arthur C. Clarke, The Sentinel (1951), que posteriormente fue adaptado a la película de Stanley Kubrick 2001: A Space Odyssey en 1968. En el relato, Clarke imagina un descubrimiento arqueológico en la Luna, abriendo un abismo temporal hacia el pasado, pero también cuestionando el futuro, ya que el artefacto se presenta, de hecho, como un faro que ha anunciado (¿pero a quién?) la llegada de la humanidad a la Luna. En general, las obras de ciencia ficción que utilizan el tropos del descubrimiento de arquitecturas antiguas o artefactos de procedencia alienígena son demasiado numerosas para mencionarlas todas, pero incluyen las obras de Philip K. Dick, Dune de Frank Herbert, las novelas de los hermanos Strugatsky o la serie Alien de Ridley Scott; y si bien Freitas enmarca la xenología como una actividad científica, se mantiene franco sobre las complejidades de su metodología especulativa, manteniendo constantemente una distancia crítica con respecto a las afirmaciones grandilocuentes y la ciencia deshonesta. Escribe:

Precisamente porque las esperanzas y expectativas son tan altas, a menudo es más difícil mantener un escepticismo firme y sano. Por ello, en palabras del astrónomo Carl Sagan, “debemos aceptar argumentos a favor de visitas extraterrestres a la Tierra solo cuando la evidencia sea convincente”. Actualmente, un análisis exhaustivo de toda la literatura pertinente y otras evidencias no logra descubrir ni un solo caso irrefutable de presencia extraterrestre en nuestro planeta. [29]

Resulta sumamente interesante que la xenoarqueología se haya propuesto recientemente como un campo para una mayor exploración científica, por ejemplo, en el ensayo de Ben W. McGee ““A call for proactive xenoarchaeological guidelines – Scientific, policy and socio-political considerations.” [30]. En él, el actual físico senior/ingeniero radiológico de Axiom Space [31] aboga por una metodología sólida para la búsqueda, contención y procesamiento de posibles artefactos en el espacio. Desde entonces, Linda Billings ha escrito una respuesta crítica a McGee, en la que escribe que “lo que parece ser un intento de demarcar un nuevo campo de estudio, la ‘xenoarqueología’, podría interpretarse como un esfuerzo por legitimar un interés no científico aprovechando el éxito de una disciplina establecida y, por lo tanto, legitimada” [32]. Esa disciplina es, según Billings, la “astrobiología”, un campo de estudio establecido, creíble y legítimo [33].

Para McGee, la arqueología necesita formular “una política y un protocolo” para el encuentro con posibles artefactos no-terrestres. Una de las consideraciones fundamentales para él es la creación de protocolos de no-contaminación, que impidan que los microbios y objetos terrestres contaminen el artefacto, de modo que pueda estudiarse adecuadamente sin el más mínimo “ruido”. Intenta identificar los puntos ciegos de la práctica de la arqueología no-terrestre para construir una metodología para abordar un artefacto alienígena. Este esfuerzo busca comprender y formular la praxis científica, al tiempo que implícitamente navega siempre por una lógica para la posible existencia de inteligencia no-terrestre (y el encuentro no personal con ella).

La discusión mencionada anteriormente señala la continua relevancia del prefijo “xeno-” en las ciencias naturales, pero también identifica una pulsión particular por enmarcar la ciencia especulativa dentro de una taxonomía particular (en su caso, la de la arqueología). McGee, por ejemplo, postuló originalmente: “Cabe señalar que el término ‘xenoarqueología’, reservado específicamente para el estudio de la evidencia material de la actividad astrobiológica, difiere de ‘exoarqueología’, que se define como el estudio arqueológico de la actividad humana en el espacio” [34]. También conserva el término más común “astrobiología” para el estudio de organismos extraterrestres, y no utiliza “xenobiología” en su lugar. El debate sobre la relevancia e inclusión del prefijo “xeno-” dentro de una taxonomía de ciencias naturales, aunque aún especulativas, continúa.

En su formulación de la xenobiología, Freitas intenta especular sobre las posibles formas que podría adoptar la inteligencia extraterrestre. Formula una tipología de las capacidades mentales en formas particulares de inteligencia en la Tierra y también analiza algunas de las formas que la inteligencia podría adoptar en un contexto extraterrestre. Para esto hace referencia directa a las obras y reflexiones de eminentes científicos y biólogos, tales como Lynn Margulis, E.O. Wilson, James Lovelock o Carl Sagan.

Freitas, por ejemplo, distingue entre los enfoques “funcionales” y “estructurales” para el estudio de la inteligencia (es decir, la relación entre la funcionalidad inteligente y las capacidades físicas que la generan), definiendo cinco tipos especulativos de inteligencia: polimorfos, macromorfos, litomorfos, amorfos y electromorfos [35]. El presente texto no tiene el alcance ni el interés de profundizar en la visión particular de Freitas, pero para los fines de la xenología comparativa, es notable que Freitas recurre a menudo a obras de ciencia ficción donde aparecen tales seres y tales tipos de inteligencia, para luego proceder a comparar y contrastar con la posibilidad material de tal ocurrencia. Esta metodología se utiliza a lo largo de todo el texto de Xenology y apunta a la extraña mixtura de realidad y ficción– la xenología de Freitas es, en otras palabras, una ciencia que intenta tender un puente entre la cultura especulativa y abstracta de la ciencia ficción y la cultura empírica de las ciencias naturales, utilizando tropos ficticios sobre la vida extraterrestre como punto de partida para extrapolar posibles fenómenos materiales.

Y, de nuevo, es interesante notar que, al igual que la xenoarqueología, la xenobiología también se propuso recientemente como un subcampo dentro de las ciencias naturales, en particular dentro del campo más amplio de la biología sintética. Budisa et al., por ejemplo, definen la xenobiología como

una tecnociencia emergente que combina avances en ingeniería genética con el diseño de sistemas biológicos basados ​​en bioquímicas inusuales generadas por compuestos químicos de origen principalmente antropogénico. La xenobiología nos permite crear y estudiar nuevas y extrañas formas de vida, “alienígenas”, no como lo hacen los libros de ciencia ficción, sino en términos de ciencia, diseño e ingeniería avanzados. [36]

El Dr. Markus Schmidt, uno de los autores de la declaración anterior, propone en otro lugar la xenobiología como un proyecto que debería aspirar a crear un medio de memoria ortogonal– XNA, o xenoácidos nucleicos. Su objetivo sería “diseñar un cromosoma ortogonal diferente del ADN y el ARN, denominado XNA para xenoácidos nucleicos”, donde “el XNA exhibe diversos cambios químicos estructurales en relación con sus homólogos naturales” [37]. El significado original de la xenobiología de Henlein se ha filtrado en la “tecnociencia” del siglo XXI. Esta nueva xenobiología propuesta ha abandonado su marco especulativo sobre la fisiología extraterrestre y se ha convertido en una ciencia instrumental dentro del campo más amplio de la biología sintética.

Algunos de los proyectos que se analizan más adelante en este libro, como el xenofeminismo o la serie Xenogenesis de Octavia Butler, ofrecen una perspectiva sobre un discurso que opera en un campo similar al de la xenobiología instrumentalizada propuesta por Budisa et al., pero que, en cambio, desarrolla ideas similares sobre el trasfondo de la teoría posthumanista. Para las xenofeministas, por ejemplo, la cuestión de la instrumentalidad en biología no se relega a una patología, sino que se complejiza mediante su integración en su contexto procedimental, alejándose de las políticas liberales e individualistas del complejo médico contemporáneo y hacia formas de expresión biológica más matizadas y socialmente comprometidas: la cuestión del open source y la accesibilidad al hacking biológico, ya sea realizada por la ciencia quirúrgica o por terapias hormonales, sigue siendo en este sentido una cuestión política central tanto para la modalidad figurativa como para la procedimental de la xenología comparada.

En su taxonomía especulativa, Freitas propone otros subcampos de la xenología, como la xenopsicología, la xenosociología y la xenobiotecnología, así como incursiones en la posibilidad de la xenogamia, es decir, la posibilidad de fomentar la progenie entre diversas razas cósmicas [38]. El morfema “xeno” se convierte en un objeto parcial que se acopla a todo un espectro de conjuntos taxonómicos, pero siempre conectado a su conexión fundamental con la no-terrestreidad o la alienidad. Desde la perspectiva de un discurso científico positivista, el valor de tal ejercicio es, en el mejor de los casos, difícil de evaluar, ya que los métodos de las ciencias naturales carecen aquí de un objeto propio —formas de vida extraterrestres actuales— y se especula sobre él basándose en ciertas condiciones e inferencias humanas basadas en experiencias previas.

Pero a pesar de la grandilocuencia con la que Freitas formula sus especulaciones, generalmente logra mantener la incertidumbre de sus afirmaciones en mente, y en ningún momento asume explícitamente que exista evidencia concluyente de que extraterrestres visiten o interactúen con los humanos y el planeta.

A pesar de su nebulosidad y de estar agotada desde hace tiempo, la Xenology de Freitas sigue siendo una obra tentadora para académicos, amantes de la poética especulativa y ufólogos. Es con Freitas que vemos la xenología enmarcada como una ciencia general de la vida extraterrestre que intenta abordar la existencia mitológica, textual y fenoménica de los seres extraterrestres de una manera exhaustiva, casi enciclopédica. Pero aunque ofrece argumentos sólidos para muchas de sus especulaciones, su lenguaje y marco de referencia se basan en gran medida en el interés de la década de 1970 por la ufología y la explosión entonces contemporánea de la comprensión científica y los avances tecnológicos en biología, aeronáutica y electrónica tras la Segunda Guerra Mundial (o lo que se ha denominado «La Gran Aceleración» [39]: un continuo engrosamiento y expansión global de una temporalidad particularmente acelerada impulsada por la técnica).

En su materialización de lo extraño a escala planetaria, Freitas sin duda proporciona una de las mayores influencias en la xenología comparada. Sin embargo, su xenología constituye solo una prehistoria de la xenología comparada que es el tema de este libro, ya que no arroja luz sobre el uso y la concepción contemporáneos de lo “xeno” tal como se ha desarrollado en el arte y las humanidades desde la década de 1990. Más bien, proporciona un ejemplo sólido de una modalidad particular, y bastante habitual, de lo xeno que gira en torno a la figura de lo alienígena. La xenología de Freitas es un estudio especulativo cuyo objeto (es decir, extraterrestres reales o artefactos alienígenas) está, de hecho, ausente, y deja al lector y a la comunidad interesada la tarea de desarrollar sus cuerpos alterizados como parte de una empresa especulativa. Es una xenología firmemente centrada en el estudio especulativo de figuras alienígenas y sus tecnologías, tal como se formulan en las tradiciones de la ciencia ficción occidental y la praxis de la tecnociencia. El resultado es una red desorganizada de realidad y ficción que pretende reconciliarse mediante una superposición entre la esfera de las ciencias naturales y la ficción especulativa.

La xenología comparada pretende ir más allá de este eclecticismo cientificista, y más bien cuestiona la semiótica de lo xeno en sus iteraciones particulares y observables dentro de un proyecto contemporáneo y planetario de las humanidades. La xenología comparada estudia lo extraño y lo ajeno (alien) no tanto en su forma idealizada, sino en sus manifestaciones concretas y contemporáneas, construyendo una teoría forense de la sociabilidad a partir de dicha evidencia.



Notas:

[1] Pamela Johnston, “‘All Strangers and Beggars are from Zeus’: Early Greek Views of Hospitality,” Pacific Journal, vol. 13 (2018).

[2] Emily Wilson, “Introduction,” The Odyssey, trans. Emily Wilson (New York: W. W. Norton & Company, 2018). 

[3] Como dice la princesa Nausicaa en el Libro VI de la Odisea: “Todos los extranjeros y mendigos vienen de Zeus”. Zeus-xenios fue un aspecto fundamental de la identidad de la deidad griega y era considerado el patrón de los extranjeros.

[4] Emily Wilson, “Introduction,” The Odyssey, trans. Emily Wilson (New York: W. W. Norton & Company, 2018), 85 [e-pub].

[5] Steve Reece, The Stranger’s Welcome: Oral Theory and the Aesthetics of the Homeric Hospitality Scene (University of Michigan Press, 1993).

[6] Wilson, 29.

[7] Wilson, 29.

[8] Amy Ireland, “Alien Rhythms,” Litteraria Pragensia, vol. 29, no. 58 (December 2019), 64.

[9] Donna J. Haraway, Staying with the Trouble: Making Kin in the Chthulucene (Duke University Press, 2016), 102.

[10] La palabra inglesa más utilizada que incluye el prefijo xeno –xenofobia– denota el miedo a los extraños (extranjeros).

[11] Carl Schmitt, The Concept of the Political (Chicago: University of Chicago Press, 2007).

[12] Benjamin Bratton, The Stack: On Software and Sovereignty (Massachusetts Institute of Technology, 2015); Benjamin Bratton, “On Software and Sovereignty,” interview by Alexander Pisarev, INRUSSIA (2016–2017), accessed May 31, 2022, https://inrussia.studio/on-software-and-sovereignty.

[13] Jacques Derrida, Of Hospitality (Stanford, California: Stanford University Press, 2000), 29.

[14] Sylvia Wynter, Sylvia Wynter: On Being Human as Praxis, ed. Katherine McKittrick (Duke University Press, 2015) 11, 42.

[15] Harold Wooster, “Xenobiology,” Science (21 July, 1961), 224.

[16] Wooster, 223.

[17] Robert Heinlein en Harold Wooster, “Xenobiology,” Science (21 July, 1961), 225.

[18] Heinlein en Wooster, 225.

[19] Robert Heinlein, The Star Beast (Scribner, 1954), 32 [e-pub]. 

[20] Heinlein, 32.

[21] Boris and Arkady Strugatsky, Roadside Picnic (Chicago: Chicago Review Press), 122 [e-pub]. Aparte del tono refrescantemente crítico que se desprende de este meme de Heinlein, los Strugatsky también consideran la xenología como una psicología de los “seres inteligentes”.

[22] Orson Scott Card, Xenocide (Tor, 2021). 

[23] Liu Cixin, Dark Forest (Head of Zeus, 2016). En la perspectiva de Cixin, hay dos axiomas en esta ciencia: primero, que la supervivencia es la necesidad primordial de la civilización, y segundo, que la civilización crece y se expande continuamente, pero la materia total del universo permanece constante. Véase también Cameron Ballard, “Liu Cixin’s Cosmic Sociology Brings Optimism to Chinese Sci-Fi”, RADII (31 de octubre de 2017), consultado el 31 de mayo de 2022, https://radii.co/article/liu-cixins-cosmic-sociology-

brings-optimism-to-chinese-sci-fi.

Xenología es también el título de la novela de 2006 de la editorial Games Workshop, ambientada en el mundo de Warhammer 40 000, donde civilizaciones fantásticas se encuentran enfrascadas en una guerra cósmica intergaláctica que se extiende por eones. Véase Simon Spurrier, Xenology: Notes and Research from the Alien Bestiary of Biegel (Games Workshop, 2006).

La ​​breve enumeración solo incluye menciones explícitas de la xenología y no el prefijo “xeno-”, que aparece con mucha frecuencia en narrativas de ciencia ficción posteriores– desde el “xenomorfo” de Ridley Scott o la trilogía Xenogenesis de Octavia Butler, hasta los xenosistemas de Nick Land. 

[24] Robert A. Freitas Jr., Xenology: An Introduction to the Scientific Study of Extraterrestrial Life, Intelligence, and Civilization, First Edition (Xenology Research Institute, Sacramento, CA: 1979) accessed 31 May 2022, http://www.xenology.info/Xeno.htm

[25] Freitas, Xenology, http://www.xenology.info/Xeno/3.2.2.htm

[26] Freitas, Xenology, http://www.xenology.info/Xeno/4.0.htm

[27] Freitas, Xenology, http://www.xenology.info/Xeno/3.1.htm

[28] Freitas, Xenology, http://www.xenology.info/Xeno/3.1.htm

[29] Freitas, Xenology, http://www.xenology.info/Xeno/3.1.htm

[30] Ben W. McGee, “A call for proactive xenoarchaeological guidelines – Scientific, policy and socio-political considerations,” Space Policy, vol. 26, no. 4 (November, 2010), 209-213. 

[31] Benjamin McGee, LinkedIn, accessed 15 June 2023,

https://www.linkedin.com/in/benmcgee/?original_referer=http%3A%2F%2Fwww.benwmcgee.com%2F

[32] Linda Billings, “A call for proactive xenoarchaeological guidelines: A response to Ben McGee” Space Policy, vol. 27 (2011), 53-56.

[33] Billings, 54.

[34] McGee, 209.

[35] Freitas, Xenology, http://www.xenology.info/Xeno/6.2.htm

[36] Prof. Nediljko Budisa, Dr. Vladimir Kubyshkin, Dr. Markus Schmidt, “Xenobiology: A Journey towards Parallel Life Forms” (2 April, 2020), 2228-2231.

[37] Markus Schmidt, “Xenobiology: A new form of life as the ultimate biosafety tool,” BioEssays, vol. 32, no. 4 (2010): 322-331.

[38] Freitas, Xenology, http://www.xenology.info/Xeno/12.4.htm

[39] W. Steffen, W. Broadgate, L. Deutsch et al., “The trajectory of the Anthropocene: The Great Acceleration,” The Anthropocene Review, vol. 2, no. 1, (January 2015); “The Great Acceleration,” Future Earth (January 2015) accessed May 31, 2022, https://futureearth.org/2015/01/16/the-great-acceleration/.