LA EXTINCIÓN DE LA ESCRITURA



Los inamovibles – Gary Shipley (Holobionte Ediciones, 2023)



Patricio Uribe


¿Cómo sabremos cuándo ha comenzado el fin?

En el límite de los espectros está el borde, aquello que determina de modo asimétrico el espacio de la escritura. Ese borde es la escritura oscura, el espacio potencial infinito, el hipertránsito que rompe con toda obstrucción, con toda estructura y desestructuración. Espacio sin diferencia, sin tiempo, en el que todo es inmediatamente equivalente a todo. Y si toda escritura es diferencia, entonces la escritura oscura no puede ser más que su aniquilamiento completo.

Tuve la impresión de que ninguno de los que estábamos en esa casa éramos humanos. Y si lo éramos, ser humano no era lo que creíamos.

Sabía que los demás eran tan reales como yo, y, sin embargo, ninguno éramos tan reales como ella. A veces tenía que autoconvencerme de las realidades más básicas mil veces en un solo día.

La singularidad de la escritura oscura se infiltra descomponiéndose en curvas infinitas, deformaciones sucesivas, generando curvas con cada vez mayores obstrucciones. Ha comenzado la infiltración. Pero no ha comenzado, no puede comenzar, así como no puede terminar: es atemporal, se introduce en el tiempo como un parásito que solo busca propagarse a través de la destrucción de su huésped.

La muerte había dejado de ser una catástrofe futura para convertirse en un proceso cuya etapa final escaparía a nuestro entendimiento.

Curva mínima, nivel de mínimo caos, de mínima deformación, mínima inestabilidad, en el que cualquier intento de establecer una estructura genera su propia desestructuración. La escritura oscura se infiltra en cada nivel, se hace inminente, ausencia que acecha toda presencia.

El problema no son las restricciones que me impone el cuerpo inamovible de mi esposa, sino más bien las libertades. Soy tan incapaz de comprenderlas que se han convertido en una especie de confinamiento; un confinamiento en el que ni siquiera me atrevo a entrar para imaginar un modo de escapar.

La curvatura se descompone en una infinidad de planos. Paso del caos a la complejidad, a la composición. Surgimiento de la inmanencia, ilusión de autoconsistencia generado por la escritura oscura. Cada nivel superior como recursión del nivel inferior, introducción de un orden en la inestabilidad. Ilusión de orden, estabilidad relativa elevada en cada descenso de nivel a fundamento.

Éramos parte de algo inamovible, describiendo órbitas a su alrededor, y raramente mirábamos fuera para saber qué estaba orbitándonos a su vez a nosotros.

Todavía temíamos esa eyección de la identidad, ese asqueroso no-lugar de nosotros mismos, la mentira de todo y la certeza de nada, y las condiciones necesarias para padecerlo.

Descenso de nivel por los planos hasta llegar al plano mínimo, composición de mínima complejidad. La singularidad requiere sobrepasar esto, hacerse simple. La inmanencia pasa a ser un obstáculo, la ilusión de autogeneración se muestra inútil en este nivel.

Queríamos morir antes de saber qué era la muerte. Habíamos creído que la madre-esposa estaba muerta. Y queríamos ser como ella. Todavía pensábamos en ella como si estuviera muerta, porque los inamovibles están muertos: esa era la definición más recurrente en la web. Y nos volvíamos como ella sin morir, o moríamos como ella sin estar muertos. Cada vez que nos movíamos para algo, lo sentíamos más parecido a la muerte que cualquier otra cosa que antes hubiéramos entendido como la muerte. Si ella estaba muerta y nosotros la seguíamos, entonces llevábamos la vida como portadora de la muerte, lo cual era más que cualquier expurgación humana anterior.

El plano se descompone en infinitas líneas. De la inmanencia se pasa a la trascendencia: principios de correspondencia con un supuesto referente. Pero el referente es alucinatorio, generado por la escritura oscura. Los niveles de correspondencias se acumulan de forma recursiva, de menor a mayor simplicidad. Descenso espectral, acercándose al núcleo trivial haciéndose cada vez más trivial.

O bien las larvas crecen, o bien nuestros órganos se encogen para compensar la mayor presencia de limo. No podemos ver cómo está cambiando la mecánica interna de nuestra fisiología, pero el efecto es eufórico. Y si es una euforia que nos mata, también es una euforia que antes no era posible, y por extensión una muerte que nunca habíamos imaginado.

Los niveles descienden recursivamente hasta llegar a la línea mínima, la correspondencia elemental: lenguaje = mundo. Burda proyección lineal de la escritura, condición de la infiltración de la escritura oscura, infiltración de lo inhumano en lo humano, estructura simbólica que ha sentado las bases de su propia destrucción.

El mundo nunca había sido tan trascendental como pretendía. Se trataba sólo de objetos que entraban y salían de la vista. Había ciertos objetos que emitían cierto tipo de sonido, y que percibían a su vez los sonidos emitidos por otros objetos similares a ellos. Su destino no era otro que juntarse en lamentables agrupaciones hasta morir.

La escritura natural es ante todo la escritura de lo humano, el modo en que se articulan physis y tekhné. Esta articulación genera residuos que son indefinidamente desplazados hasta el borde. Pero estos residuos no se desplazan hasta el borde, son el borde. No retornan, traspasan y dejan inoperativos los desplazamientos. Y con ello, dejan inoperativa la articulación misma.

Si los seres humanos se sienten molestos, es sólo en virtud de no estar muertos.

Si yo me sentía molesto, era sólo por el falso recuerdo de haber estado vivo alguna vez.

La escritura oscura tiene una relación parasitaria con la escritura natural: la usa para sus fines de propagación, para la reproducción de sí misma hasta el infinito, hasta que el huésped muere, hasta que logra su objetivo final, si a eso se le puede llamar objetivo y si se le puede llamar final: la extinción de la propia escritura.

La línea se descompone en infinitos puntos.

Los puntos colapsan en un solo punto.

El propio final ya había terminado.