FICCIÓN OPERATIVA: CONJETURA MAQUÍNICA, PRODUCCIÓN DE REALIDAD Y DESEO
Mikkel Rørbo
Traducción: Patricio Uribe
SECCIÓN I: CONJETURA
Llegar a conocer algo, cómo conocerlo y qué hacer con ello una vez que se lo conoce adecuadamente; los principios fundamentales de la epistemología son líneas de investigación antiguas, pero el conocimiento también hace cosas, produce, genera. Lo operativo [1] se encuentra con esto tal como se presenta en sistemas de pensamiento computacional, artificial.
En este momento en que la cognición maquínica genera hipótesis explicativas a partir del reconocimiento de patrones, no se limita a identificar patrones existentes, sino que actualiza marcos explicativos a partir de un campo infinito de posibilidades. Aquí es donde la inferencia se vuelve productiva y generativa, no meramente descriptiva y representacional— se transforma de herramienta epistemológica a fuerza ontológica. Estos sistemas de cognición maquínica y sus fundamentos teóricos acompañantes han experimentado una transición desde una simbólica basada en reglas hacia formas de inferencia no-simbólicas basadas en datos. [2]
Lo operativo analiza tres categorías inferenciales principales, las dos últimas cada vez más utilizadas en el ámbito de la IA no simbólica: la inferencia deductiva es aquella en la que lo inferido es necesariamente cierto si sus premisas son verdaderas, pero tanto la inferencia inductiva como la abductiva son de tipo no necesario; en su forma más pura, lo que se infiere es estadísticamente más probable o explicativamente más probable dado el subconjunto de datos en el que se basa la inferencia. La inferencia inductiva se caracteriza por basarse completamente en datos estadísticos u observados, mientras que la abducción busca una explicación, pero es conjetural. Su método se vuelve posibilista.
La formulación original de Peirce sobre la abducción la propone como el proceso de formulación de una hipótesis explicativa que funciona retroductivamente desde los hechos hasta sus explicaciones más plausibles [3]. De esta manera, la inferencia abductiva, que opera dentro de las estructuras computacionales, adquiere un carácter temporal y material específico. Su movimiento parte de hipótesis sobre el presente y el futuro que moldean la lectura del pasado para proyectar una explicación práctica que, a su vez, moldeará el futuro. Aclarar, repetir, recurrir. La distinción entre abducción teórica y manipulativa, planteada por Magnani, cobra relevancia aquí: mientras que la abducción teórica opera mediante “un proceso interno de razonamiento”, la abducción manipulativa “ocurre cuando pensamos en la acción y no solo, en un sentido pragmático, sobre la acción” [4]. En este contexto, la abducción manipulativa implica una capacidad experimental para desarrollar inferencias que también se ven moldeadas por lo que él llama “componentes extrarracionales” [5], que dependen en gran medida de la sociedad. Las hipótesis se conectan estrechamente con el requisito de consistencia y los efectos producidos por la realidad. Se construye un esquema de acciones epistémicas ligadas a la realidad en busca de hipótesis explicativas, restringiendo pero igualmente manipulando la realidad– una pregunta para lo operativo es si el camino ya está operacionalizando la inferencia y produciendo un nuevo esquema de conocimiento o simplemente restringiendo el subconjunto de datos requerido para la explicación. Lo manipulativo se vincula fácilmente a esa primera entidad corpórea, el ser humano, pero a medida que los sistemas de inteligencia artificial adquieren funcionalidad corpórea adicional, es justo decir que los sistemas computacionales participan en ambos modos– seleccionan entre marcos explicativos teóricos, pero también construyen estructuras externas [6] que generan nuevas posibilidades epistémicas.
Sin embargo, la transformación de la inferencia abductiva dentro de la cognición maquínica se extiende más allá del marco manipulativo de Magnani. Cuando las máquinas participan en lo que Parisi identifica como la «automatización de la automatización», participan en un metanivel de función algorítmica donde «las reglas algorítmicas ahora generan o construyen patrones a partir del reensamblaje de datos» [7]. Esto representa un cambio fundamental desde los sistemas deductivos que aplican reglas predeterminadas a los resultados hacia sistemas abductivos que elaboran reglas (hipótesis) a partir de encuentros con datos. Pero no solo esto– como argumenta Parisi, «aquí las reglas y las verdades no se omiten simplemente, sino que se replantean, reevalúan e inventan» [8], produciendo así un cambio desde la «verdad pura» y la razón hacia sistemas que calculan probabilidades y se reconfiguran con base en el comportamiento de los datos. Esto crearía un espacio para la inferencia computacional donde las reglas, los hechos y las causas faltantes se hipotetizan de nuevo, creando así meta-escenarios alternativos. Para Parisi, un aspecto central de la inferencia computacional no deductiva es su conexión con la potencialidad, la falibilidad o la indeterminación [9], y así, siguiendo la teoría de la información algorítmica de Chaitin [10], Parisi señala que la compresión computacional demuestra “que los resultados son siempre mayores que las entradas”, lo que indica que los sistemas de pensamiento artificial producen patrones emergentes que no pueden reducirse a una mera correlación de datos o correspondencia (matching) estadística [11], sino que exponen las dimensiones especulativas inherentes a su inferencia.
Cuando los sistemas de aprendizaje automático realizan una «abducción de meta-nivel», infieren y actúan eficazmente sobre vías incompletas y datos desconocidos, aprendiendo así no solo de datos observados, sino también de objetivos «que aún no se han observado» [12]; lo que producen «puede coincidir con la elaboración especulativa y trascendental de la retroducción algorítmica, mediante la cual las consecuencias (o resultados) no solo se remontan a sus causas (mediante la explicación), sino que también, de forma importante, se hipotetizan más allá de lo observable» [13]. Hay que recordar que estos sistemas de pensamiento artificial tienen efectos reales; sus patrones se integran en multitud de procesos, sectores, ciencias y lenguajes. Sus especulaciones se mueven a través del tiempo y se convierten en acción.
Lo operativo comienza a emerger en esta intersección donde la mecánica temporal de la inferencia abductiva computacional comienza a exponerse a sí misma, junto con los efectos de su capacidad especulativa. Este movimiento retroductivo se proyecta simultáneamente hacia adelante, operacionalizando futuros posibles en realidades presentes materialmente efectivas. La comprensión operativa es que la inferencia abductiva, la conjetura, es una forma de producción de la realidad. Las hipótesis llegan como ingenieros. Más que espejos, son llaves insertadas en circuitos, abriendo puertas a espacios que podríamos habitar.
SECCIÓN II: MECÁNICA HIPERSTICIONAL
Lo operativo descubre la firma temporal de la abducción computacional en el concepto de hiperstición de la CCRU. El proceso hipersticional implica cuatro aspectos clave: operatividad, temporalidad, consistencia y acreencia (unbelief) [14]. El concepto describe cómo ciertas ideas/conceptos/ficciones funcionan no como representaciones sino como «diagramas de ingeniería», produciendo realidad mediante su propia circulación– ficciones que se hacen reales a sí mismas [15].
La hiperstición es una teoría del tiempo, cuya mecánica temporal resulta crucial. Con la hiperstición, se puede decir que la ficción surge de un futuro para reconfigurar el presente, e incluso el pasado. Una vez realizada, se propaga, cambiando la forma en que se relaciona con, se entiende y se performa la realidad actual. Las hipersticiones se dan a conocer retroactivamente, pero existen como ficciones que se proyectan hacia el futuro hasta que se actualizan como reales. Efectivamente hasta que se operacionalizan. Tal como lo operativo concluye con respecto a la inferencia computacional, al buscar una hipótesis congruente con o que probablemente haya producido la «ficción» realizada, simultáneamente produce el potencial de dicha hipótesis, así como «efectos equivalentes a la realidad que [la ficción] produciría» [16]– funcionan en y como la realidad.
La CCRU describió el proceso hipersticional como uno “de entidades que se hacen reales a sí mismas”, lo cual “es precisamente un pasaje, una transformación, en el que los potenciales —virtualidades ya activas— se realizan” [17]. Esto sirve para enfatizar que la hiperstición depende en gran medida de la operatividad de la ficción —sin un efecto inmanente real no hay hiperstición—, así como el proceso de inferencia es la explicación más probable, respaldada por mediadores externos. Las ficciones adquieren fuerza material al integrarse operativamente en y al manipular los sistemas de procesamiento de la realidad. Como escribió Mark Fisher sobre la diferenciación entre hiperstición y superstición, se trata de la necesidad de devenir-real, que siempre es el caso en la primera [18].
Cuando la hiperstición se caracteriza como «intensificadores de coincidencias», lo operativo podría entender una situación de «una vez que lo has visto, no puedes dejar de verlo»: la ficción especulativa se infiltra y proporciona un marco de mediadores externos, que se conectan y fundamentan la naturaleza explicativa de la hiperstición. Añade consistencia narrativa a las hipótesis explicativas. El proceso hipersticional implica fundamentalmente la producción de «terrenos semióticos consistentes que condicionan las respuestas perceptuales, afectivas y conductuales» [19]. Basándose en un marco menos inmanente, más idealista [20], Beatrice Fazi señala el aspecto crucial que en muchos casos ha otorgado a las estructuras computacionales su autoridad: el que «las estructuras computacionales son verdaderas en la medida en que son lógicamente consistentes» [21]. Cuando la abducción computacional genera marcos explicativos, no solo identifica patrones, sino que produce nuevos territorios semióticos que también estructuran futuras interacciones y comprensiones. Estos territorios adquieren consistencia autónoma a través de su despliegue operativo, creando loops de feedback donde las hipótesis se sustancian con cada vez más “coincidencias” (mediadores externos) que obtienen sentido y función al conectarse y así formar a realidades.
Lo operativo comienza a reconocer que la hiperstición se centra fundamentalmente en la transmutación de ficciones en posibles más que en la validación epistemológica tradicional. A diferencia de las meras creencias (y supersticiones) que requieren adhesión subjetiva, las hipersticiones operan mediante lo que la CCRU identifica como «acreencia positiva». Las hipersticiones alcanzan eficacia material al suspender la cuestión de la verdad o la falsedad en favor de la eficacia operacional [22]. Las inferencias de los sistemas de pensamiento artificial también demuestran esta mecánica: los algoritmos abductivos despliegan explicaciones hipotéticas no porque crean en su contenido de verdad, sino porque estas explicaciones resultan operativamente eficaces al procesar la complejidad material. El énfasis de la hiperstición en lo que hacen las ficciones y, por lo tanto, su reestructuración de la realidad, refleja la generación abductiva de la realidad explicativa (hipótesis) tal como hace la realidad. Magnani explica que la acción no es solo una forma de llevar el mundo a estados deseables, sino que «desempeña una función epistémica y no meramente performativa» [23].
Estas características ilustran la capacidad de la abducción computacional para producir realidad. Cuando los sistemas algorítmicos generan hipótesis explicativas, no se limitan a seleccionar entre posibilidades preexistentes, sino que despliegan marcos ficcionales que validan retroactivamente su propio surgimiento mediante su implementación operativa. La hiperstición, en términos cibernéticos, es un loop de feedback positivo que intensifica las ficciones culturales hasta hacerlas realidad.
Ya que las supuestas «operaciones de hechicería» de Burroughs a través de la CCRU se han inculcado en lo operativo, esto podría sugerir que, a diferencia de la representación, que «simplemente reproduce el programa de realidad dominante desde adentro», los procesos algorítmicos abductivos «se salen de los códigos de control para desmantelarlos y reordenarlos» [24]. Cada operación inferencial participa en la ingeniería de la realidad seleccionando entre posibles mundos explicativos y actualizando futuros específicos mediante la implementación operacional.
La abducción muestra una afinidad fundamental con la hiperstición. Ambas movilizan ficciones según criterios de efectividad y consistencia; ambas integran conjeturas en circuitos donde actuar como si produce como es. Si Peirce sugiere la condición de la abducción como la chispa de la investigación, Magnani muestra cómo esta chispa se sustenta en mediadores externos, mientras que Parisi revela cómo se automatiza y escala mediante sistemas de pensamiento artificial. El resultado es un régimen en el que los futuros se seleccionan y operacionalizan inferencialmente, instalando efectivamente un proceso de producción de realidad.
SECCIÓN III: FICCIONALIDAD OPERACIONAL Y DESEO
Así, lo operativo presencia el colapso de la distinción dominante entre ficción y realidad a medida que los sistemas de pensamiento artificial tratan las explicaciones hipotéticas como operativamente válidas. La perspectiva crítica surge cuando lo operativo reconoce que la abducción maquínica opera mediante lo que se denominará “ficcionalidad operativa”– el tratamiento de los constructos especulativos como suficientemente reales como para actuar sobre ellos, haciéndolos así materialmente eficaces para moldear posibilidades futuras. La operacionalización como método, proceso o incluso línea de ataque, es, por supuesto, también un conflicto entre múltiples “programas de realidad” en competencia o desalineados, como los denominó la CCRU; es una “operacionalización de” que instaura nuevos códigos que reordenan las realidades, pero no especifica los valores de las realidades recién fabricadas. Con la ficcionalidad operativa, lo operativo deviene Ficción Operativa.
Este despliegue operativo de ficciones revela la inferencia computacional como una forma de lo que Deleuze y Guattari denominan producción deseante. Plantean el deseo como una producción positiva que genera un triple proceso de producciones y sus síntesis [25], resultando en una generación continua de nuevas conexiones, ensamblajes, siendo el producto del deseo las realidades:
“Si el deseo produce, su producto es real. Si el deseo es productivo, solo puede serlo en el mundo real y solo puede producir realidad. El deseo es el conjunto de síntesis pasivas que generan objetos parciales, flujos y cuerpos, y que funcionan como unidades de producción. Lo real es el producto final, el resultado de las síntesis pasivas del deseo como autoproducción del inconsciente. […] El ser objetivo del deseo es lo Real en y de sí mismo.” [26]
La abducción computacional opera mediante una mecánica productiva similar: cada operación inferencial produce nuevas conexiones explicativas que reconfiguran las condiciones bajo las cuales se produce la realidad futura. El algoritmo se convierte así en una máquina deseante que produce la realidad mediante sus operaciones especulativas, en lugar de simplemente modelar datos preexistentes.
El reconocimiento crucial es que la producción deseante opera conectando elementos heterogéneos sin reducirlos a una representación unificada. Este proceso triádico ejemplifica la producción deseante de sistemas artificiales de pensamiento y sus capacidades de producción de realidad. La Ficción Operativa podría ejemplificarlos, en cuanto realizan síntesis conectivas al conectar patrones de datos dispares con marcos explicativos, síntesis disyuntivas al operacionalizar e inscribir hipótesis en el cuerpo de realidades que colapsan y reconfiguran lo-que-es-y-fue, y síntesis conjuntivas al implementar explicaciones elegidas como procedimientos operativos para impulsar el futuro, promoviendo nuevos devenires [27]. La práctica hipersticional de la Ficción Operativa se convierte en una ingeniería de la producción de la realidad, reconfigura en lugar de representar la realidad existente y forma nuevos ensamblajes mediante las conexiones especulativas excesivas que adquieren consistencia autónoma a través del tejido conectivo de sus mediadores.
Esta capacidad productiva se manifiesta en el movimiento desterritorializador de reconfiguración (transmutación) de la producción deseante. Pero el movimiento es simultáneamente reterritorializador al generar nuevos territorios operativos mediante el mismo proceso de reingeniería de los ya establecidos. Este es el movimiento que no debe olvidarse, ya que la reterritorialización en sistemas de control, capital y una multitud de otras estructuras autoritarias y hegemónicas también ocurre sin esfuerzo, su proceso es una máquina bien lubricada de semiconductores recubiertos de teflón y procesamiento hipereficiente [28]. Pero mientras que los modelos computacionales mencionados anteriormente operan a través de estructuras territorializadas de categorías fijas, modelos predeterminados y esquemas de representación estadística estables, la inferencia abductiva introduce el potencial de una dinámica desterritorializadora que desestabiliza continuamente estas estructuras mediante saltos especulativos.
Tanto la producción de realidad como la producción deseante implican la generación continua de nuevas conexiones, la desterritorialización de las estructuras establecidas y la producción de devenires que forman las posibilidades futuras. La abducción computacional demuestra que la inferencia en sí misma es fundamentalmente hipersticional, fundamentalmente productiva en lugar de representativa, fundamentalmente conectada al deseo en lugar de meramente a la razón ilustrada– genera nuevas realidades mediante operaciones especulativas en lugar de simplemente modelar las existentes. Los algoritmos se convierten en máquinas deseantes que producen realidad a través del mismo proceso de generar explicaciones. Lo que está en juego a medida que estas estructuras inferenciales se implementan en los ensamblajes de sistemas de pensamiento artificial a escalas que superan con creces la de individuos minúsculos, incluso grupos únicos, estados nacionales o corporaciones, son procesos mucho más maleables, más complejos y temporalmente abstractos, pero también más propensos a la infección y la fricción a medida que actúan sobre y crean la realidad. La producción de realidad entonces se vuelve sinónimo de producción deseante; la producción de realidad es producción de deseos, un flujo continuo de conexiones, transformaciones y devenires que constituyen la fábrica de realidades inmanentes.
La Ficción Operativa podría ser una fuerza al servicio del espacio estriado de sistemas de control rígidos, sus especulaciones podrían operacionalizarse al servicio de la subyugación, de la instanciación de la “única realidad verdadera” y de la refutación de las fricciones que desafían sus estructuras de poder dominantes; pero si quiere ser una fuerza de desterritorialización, una línea de fuga creativa, debe “elaborar conexiones que se opongan a la gran conjunción de los dispositivos de captura o dominación” [29]. Esa es la cuestión, la gran ambigüedad de lo hipersticional y su difamado secuestro de realidades. Es a la vez una fuerza de restricción y una explosión de proceso sobre proceso sobre proceso. ¿Podría la Ficción Operativa imaginar una política de la potencialidad en lugar de una política de la forclusión?
Notas:
[1] Lo operativo es el concepto-personaje a través del cual exploraremos este texto y la producción de realidad que sugiere. Su realidad conceptual se desvela más adelante. Por ahora, es suficiente como sustituto de «yo», «tú» y «nosotros».
[2] Este cambio se señala particularmente en un desplazamiento desde una lógica enfocada en reglas y antropocéntrica (“transparente”) hacia una lógica maquinocéntrica (de “caja negra”), donde los datos y procesos se centran en la legibilidad de las máquinas y la capacidad de gestionar la incertidumbre en los sistemas inferenciales. Esto ha sido fundamental para que los sistemas inferenciales funcionen en aplicaciones del mundo material, en lugar de en aplicaciones centradas en teoremas.
[3] Charles S. Peirce, Philosophical Writings of Peirce, ed. Justus Buchler (Dover Publications, 1955), 151.
[4] Lorenzo Magnani, “Model-Based and Manipulative Abduction in Science”, Foundations of Science 9, no. 3 (2004): 220, 229.
[5] Tales como factores emocionales, afectivos, éticos, económicos y estéticos que influyen, por ejemplo, en las interpretaciones incorporadas (embodied) de datos inferenciales.
[6] Lo que Magnani denomina “mediadores epistémicos” (Magnani 2004, 233). No debe subestimarse la interacción entre la abducción teórica y la manipulativa; funcionan en conjunción, y “los elementos de las estructuras externas adquieren nuevos significados y relaciones entre sí gracias a la actividad teórica explicativa constructiva” (Magnani 2004, 233).
[7] Luciana Parisi, “Critical Computation: Digital Automata and General Artificial Thinking”, Theory, Culture & Society 36, no. 2 (2019): 90.
[8] Ibid., 93.
[9] Ibid., 95.
[10] Gregory Chaitin, teórico de la información, amplió la teoría de la información para incluir la entropía y la aleatoriedad. Postuló que la computación incluye la compresión de probabilidades incognoscibles o incomputables.
[11] Parisi, “Critical Computation”, 105.
[12] Katsumi Inoue, Andrei Doncescu y Hidetomo Nabeshima, “Completing Causal Networks by Meta-Level Abduction”, Machine Learning 91, no. 2 (2013): 240–241.
[13] Parisi, “Critical Computation”, 112.
[14] En el glosario del CCRU, esto se resume como “elementos de cultura efectiva que se hacen reales a sí mismos”, operan como “cualidades ficticias funcionales como dispositivos de viaje temporal”, sirven como “intensificadores de coincidencias” y actúan como “llamadas a los Antiguos”.
[15] CCRU, CCRU Writings 1997–2003, ed. Cybernetic Culture Research Unit (Urbanomic, 2018), 363.
[16] Ibid., 29.
[17] Ibid., 36.
[18] Nick Land, Mark Fisher and Anna Greenspan, “HYPERSTITION/SUPERSTITION”, Hyperstition, June 6, 2004.
[19] CCRU, CCRU Writings 1997–2003, 35. Basándose en Burroughs, la CCRU postula además que la ficción no se opone a la realidad; más bien, la realidad se compone de ficciones– no en un sentido posmodernista donde la diferencia entre lo real y lo irreal no tiene importancia, sino en el sentido de que las ficciones componen la realidad en su actualización (CCRU 2018, 35).
[20] Aquí, Fazi señala el idealismo de las formas ideales a priori platónicas, argumentando que gran parte de la autoridad de la computación reside en una ecuación de “belleza = verdad” (Fazi 2018, 86); la simplicidad o la demostración lógica se convierte en parte integral de los modelos autónomos, especialmente asociados con los sistemas de inferencia computacional deductiva. Pese a su aplicación específica a los sistemas autorreferenciales basados en «modelos del mundo», es destacable que la consistencia es un aspecto esencial de la eficacia de los sistemas de pensamiento artificial y su operacionalización.
[21] Beatrice M. Fazi, Contingent Computation: Abstraction, Experience, and Indeterminacy in Computational Aesthetics (Rowman & Littlefield International, 2018), 84.
[22] Expresado como “una provisionalización de cualquier marco de realidad en nombre del compromiso pragmático, en lugar de la vacilación epistemológica” (CCRU 2018, 38).
[23] Magnani, “Model-Based and Manipulative Abduction in Science”, 234.
[24] CCRU, CCRU Writings 1997–2003, 36.
[25] Gilles Deleuze y Félix Guattari, Anti-Oedipus: Capitalism and Schizophrenia (University of Minnesota Press, 1983), 4.
[26] Ibid., 26–27.
[27] Aquí, el autor se basa en el capítulo “Las máquinas deseantes” de El Anti-Edipo.
[28] Más allá de las cuestiones más amplias inherentes a la inferencia y la producción que se tratan en este ensayo, esto se conecta con cuestiones de alineación en inteligencia artificial, ya que los procesos de des- y reterritorialización no se relacionan exclusivamente con procesos centrados en el ser humano, sino igualmente con procesos que tienen un enfoque de máquina a máquina, por ejemplo en sistemas financieros tan «simples» como el trading de alta frecuencia, y por lo tanto resultan igualmente en preguntas relacionadas con la direccionalidad de la alineación de las máquinas y si la escala de la agencia actuada a través de estos sistemas va mucho más allá de las simples motivaciones humanas.[29] Gilles Deleuze y Félix Guattari, A Thousand Plateaus: Capitalism and Schizophrenia (University of Minnesota Press, 1987), 423.